Colega:
Tengo amigos rojos, azules, amarillos, naranjas y verdes. Tú, al igual que mis camaradas, formamos parte de ésta generación que ha sido testigo y protagonista de cambios tan inusitados, no solamente en nuestro país, sino en el orbe entero. La ausencia de autoritarismos y verticalidades de los que no añoramos su regreso, nos han concedido una mayor libertad para decidir y actuar con compromiso. En nuestras convicciones se encuentra la idea faro para ampliar nuestras oportunidades de participación política. Damos nuestro mejor esfuerzo y apasionada dedicación para lograr que la sociedad se convenza que el partido político en el que militamos, cuenta con la mejor oferta social.
No importa si caemos en la tentación de clasificarnos dentro de la geometría política en izquierda, derecho o centro; todos compartimos aspiraciones y anhelos de bienestar colectivo. Mostramos nuestra simpatía sin prejuicios. Nuestras palabras pueden influir decisiones familiares o simpatías colectivas. Ahora más que nunca, un político acartonado inspira desconfianza. La sociedad quiere líderes sociales y servidores públicos caracterizados por su cálida sinceridad y no como agudos ejemplos de jerarquías soberbias e inflexibles. Nunca más personajes que busquen notoriedad con discursos reciclados, necesitamos mensajes francos y serenos, con ideas realizables y concretas. Nuestros votos definen el triunfo de los candidatos.
La actitud es un factor decisivo para el crecimiento político. La arrogancia erosiona la aceptación de la ciudadanía. La Intransigencia carcome la posibilidad de dirigir eficientemente un equipo. Debemos reconocer con humildad que, en cualquier conflicto de nuestra organización, nosotros hemos aportado algo al respecto; por lo cual tenemos que participar para superar esta situación y evitar una crisis que distorsione la convivencia y el trabajo.
En política, darle crédito a bocas turbulentas es una apuesta peligrosa. Nutrir intrigas suele convertirse en un ejercicio que provoca el mismo efecto de escupir hacia arriba. Un buen político es un incansable lector, debido a que el conocimiento ordena y clarifica nuestra pasión por el servicio público. Nuestro criterio no puede empobrecerse atendiendo fabulosas patrañas de farsantes o ruborizarnos con las maquinaciones de mentes impúdicas. Se deben excluir los oídos de las disertaciones de individuos doctorados en argucias.
Aceptemos nuestros tiempos y circunstancias. Así, hay etapas en que el líder no siempre es el jefe, o que el jefe no es siempre el líder. En el sentido que fuera, ante el hecho de poseer un poder moral o formal, no hay duda en que debemos ser estrictos pero muy humanos.
Considerada como una actividad encaminada a ejercer el poder público para beneficio de la población, la política ostenta reglas de urbanidad elementales para evitar la crispación provocada por ventajosos, sordos y altivos. En política se vale discutir con argumentos, se vale ser oposición inteligente y promotora de opciones, se vale plantear alternativas para hacer eficaz el ejercicio gubernamental, pero lo que no se vale es ser desleal y mentirle a la gente.
Antes del color que identifica a nuestros partidos, creemos en nuestra misión suprema de lograr una sociedad mas justa. Entre nosotros no hay desencuentros, actuamos con naturalidad, con gusto nos vemos y podemos platicar durante horas para coincidir en que falta mucho por hacer y que podemos construir más de lo aportado hasta ahora. Nos animamos y deseamos suerte en nuestros planes. Es claro, la constancia es la clave que incrementará las responsabilidades, y es preferible que nos conozcamos desde ahora para así confiar en cuanto nos toque construir acuerdos.
No es momento de confrontaciones entre nosotros, ya es suficiente con las descalificaciones que tenemos de parte de esos compañeros adultos que nos cuestionan virtudes, como para que entre nosotros mismos nos desgastemos. Después de todo, hay grandes amistades que se han consolidado a pesar de diferencias y rencillas.
Al momento de estar con un militante de un partido distinto al nuestro, debemos ser pacientes y receptivos, para así tomar decisiones que surjan de evaluar capacidades y propuestas y no sujetarse jamás a caprichos o limitarse sólo a las afinidades de carácter ideológico. Nadie renuncia a sus ideales. Por ello debemos preguntarnos: ¿hasta dónde tomar acuerdos antes de que las diferencias y prejuicios nos separen?
Los referentes históricos de animales políticos que con su liderazgo forjaron el cambio y evolución de su entorno social, jamás actuaron para ser beatificados. La empresa del hombre público, es la realpolitik.
La administración pública debe regirse por planes diseñados estratégicamente y no por intenciones aspiracionales sin fundamento. El trabajo de gobernar, para ser vigoroso y efectivo, tiene que eludir cualquier tipo de certeza moral que se presente como “objeción racional”. Max Weber afirmaba contundentemente que un buen hombre de estado, debía asumirse como garante del orden, anteponiendo el bienestar colectivo y retirado de cualquier convicción personal que ponga en riesgo la calma social: “En la ética de la responsabilidad, ninguna intención, por buena que sea, logra justificar una catástrofe en el aquí y el ahora”.
Los políticos no son eternos, también se mueren. No hay peor expiración que la acontecida con un corazón palpitante. El político agoniza cuando se aferra a modelos que ya no responden a lo actual, cuando se niega a cambiar y comprender los nuevos problemas que vivimos, cuando objeta la participación de jóvenes y mujeres, cuando se cree el impulsor del cambio y no se da cuenta que la sociedad cambió antes que él.
El profesional de la política sabe que puestos, dirigencias y liderazgos son cíclicos. Que las estructuras gubernamentales y partidistas deben oxigenarse con nuevos integrantes. Reconoce que el valor más grande de la política es actuar con objetividad y de manera responsable.
Nosotros queremos el camino de lo profesional. Sabemos que el cargo es una oportunidad para servir y no para lucirse. Le damos la bienvenida a la competencia política, ya que nos obliga y estimula para prepararnos. Reconocemos que las generaciones no se siguen en fila india, sino que se entrelazan y complementan.
Contamos con grandes referentes que inspiran nuestro pensamiento y activismo político. Manuel Gómez Morín y su llamada tradición humanista del PAN. Heberto Castillo con su aguerrido y decidido carácter que fuera un símbolo importante de la izquierda. Jesús Reyes Heroles, el intelectual que dirigió al PRI con sus tesis liberales. Los últimos dos veracruzanos. Los tres, hombres convencidos de que la sociedad debía participar con libertades plenas. Mexicanos universales, que optaron por la lucha política de una manera genuina y empeñados en obtener lo mejor para los suyos. Coincidencia en las misiones, diferencias en las visiones.
Debemos ser congruentes, tener la preparación para estar, saber cuando es turno de la retirada y descartarse con dignidad. Ahí vendrá el cumplimiento de otro compromiso: promover y apuntalar la participación de jóvenes, como ahora lo hacen con nosotros. Parte importante de nuestra realización es contribuir a formar cuadros. Hagámoslo con entusiasmo y convencidos de que así correspondemos las atenciones y oportunidades que hoy recibimos. Tenemos de nuestro lado el valor agregado de la astucia, pero ésta debe ser acompañada por el sentido de la oportunidad, la discreción, la gratitud y la prudencia. Seamos jóvenes políticos, no políticos novatos. Evitemos la competencia desleal y eludamos los afanes de enriquecimiento ilícito.
Difundamos al interior de nuestras organizaciones que antes de ganar en las urnas, debemos de ganar en el debate y el trabajo social. Reconozcamos el valor de la pluralidad y la exigencia de los terrícolas, por alcanzar la conciliación incluyendo a todos, sin discriminar minorías y moderando a la masa irracional. Demostremos diariamente a nuestra nación, que los jóvenes no nos regocijamos en la simulación y precisamente por no estar de acuerdo en muchas cosas que suceden en los partidos políticos, estamos participando en ellos, para contribuir a la transformación institucional desde el corazón de los mismos.
Restan algunas líneas a esta carta a un joven político. Existe siempre la intención de que la civilización tenga un buen recuerdo de nuestras acciones. Después de los borrones y tachaduras en el papel y al transcribir estas líneas en la computadora, agradezco a quienes alientan nuestro esfuerzo y no lo obstruyen por modesto que sea. Así me despido con mucho entusiasmo, convencido que nuestra iniciativa tendrá frutos; ésta es una vocación superior que debemos cultivar con esmero, por la seguridad de nuestros niños, la dignidad de nuestros abuelitos, la felicidad de nuestras familias y el desarrollo de los pueblos originarios y futuros. Tienes que ser estricto en tus convicciones pero generoso con tus propuestas, no olvides nunca las palabras de Konrad Adenauer: “En política lo importante no es tener la razón, sino que se la den a uno”.
Tu amigo
Luis Guillermo Franco Robles
Papantla de Olarte, Veracruz, México.
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