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MALDITO INSOMNIO
"El amor frustrado genera poesía, el amor correspondido engendra hijos y el amor ciego produce sida”. Garcimarrero
No me inquieta clasificar mi sentimiento de conformidad a ese terrible enunciado con aspiraciones de aforismo. Con insistencia busco su presencia. Sus pupilas han chocado con las mías. Siento esa ansiedad tan particular. Quiero explicarlo pero mi garganta no puede enunciar palabra con calma. La piel comienza a erizarse. Son visibles las palpitaciones del músculo cardiaco. Es evidente que la mirada es mucho más elocuente. Los ojos expresan todo lo que los labios no pueden decir.
Ella lo ha percibido. Sabe como me enredo y me hago un lío cuando quiero hablarle. Aún así, disfruta del embrollo en que me sumo. Si lo supiera Sun-Tzu, seguramente sonreiría y con gusto estaría armando un gran tratado de estrategias para enfrentar con arte prodigioso esta gran guerra. No evito recordar los manuscritos de Nietzche, en donde, con todo y su crudeza, se interpretaría que este sentimiento se encuentra más allá del bien y del mal. Todos los seres humanos abrigamos la esperanza de ser alcanzados por el amor. Tenemos conocimiento pleno de que sucumbiremos pero aun así, pese a todas las resistencias, caeremos. En todo caso hay que mirar para saber donde podemos desplomarnos sobre blandito.
Finalmente es una inspiración provocada por alguien ajeno que esperamos conocer y que nos permita compartir nuestras ilusiones y tropiezos. No se puede objetar su singularidad, porque puede ser fuente de una sublime felicidad o de grandes tormentos. Es como el viento, somos incapaces de descubrirlo con la vista pero no por ello negamos su existencia porque se percibe. Aquellos que creen encontrarlo a primera vista, se encuentran expuestos a un dulce sueño que puede convertirse en una atroz frustración. Es cierto, lo experimentamos todos, profesionistas, estudiantes y campesinos. Hombres y mujeres por igual están expuestos. En gustos no hay nada absoluto, pero lo importante es saber identificarlo y manejarlo con cautela, porque puede ser fuente de acciones descabelladas e incluso de una irritación inconmensurable.
Bonaparte, el que cayó en Waterloo, decía que el amor es una tontería hecha por dos. Yo no estoy de acuerdo, para amar se necesita de mucha inteligencia. No es un asunto para bobos e impacientes, porque sería tan catastrófico como un anillo de oro en el hocico de un cerdo (Proverbios 11:22). El temerario Pedro Almodóvar objeta la condición biunívoca de los corazones, según él, para que el amor exista, con que una sola persona ame, basta. ¡Maldición!, yo no encuentro sosiego porque me ha ocurrido y no encuentro satisfacción en el razonamiento individual.
Ningún romance es absoluto en sus motivaciones y estilos. Es tan extremo porque con la mayor sutileza del viento puedes apagar un débil pabilo o avivar una portentosa hoguera. Hay algunos amores que se tornan enfermizos y por ende dañinos. La pareja se convierte en un rival en donde hay que luchar para ser el dominante en la relación. No recuerdo exactamente el contexto, pero mi amigo Julio Vega, compartió conmigo la idea de que en el amor verdadero, no manda nadie, obedecen los dos. Un vínculo sentimental de este tipo debe ser fuente de entusiasmo por compartir y escuchar, en donde ambas partes puedan enriquecer su espíritu y mente.
Lo peor es atarse a una persona que produce angustias y nos lleva a conflictivos letargos que nos impiden crecer en nuestro empeño e ilusiones. También es desquiciante cuando observamos como se puede llegar a exagerar en los disgustos, sólo para disfrutar de la posterior reconciliación. De hecho las historias rosas en su totalidad, no existen, siempre habrá diferencias pero es necesario atenderlas con mesura. El reto está en acotar a los chantajistas profesionales y -como sugiere la maestra- saber llevar el masoquismo ¿con la frente en alto?
Recuerdo que, enmarcado entre borrones y manchas de tinta, en algún lugar de mi maltratado cuaderno de apuntes universitarios, estaba la idea de Rochefauld, para recordarme que debo ser cauteloso en mis tácticas: “un hombre razonablemente enamorado puede actuar como un loco, pero no debería ni puede actuar como un idiota”.
Con todo, en esta época, inmersa en el acelere de la rutina y el stress, en donde al parecer no hay espacio para el amor, y con el permiso de la libertad reflexiva que me otorgan, me permito compartir con ustedes unas líneas que ojala encuentren reveladoras...
Ilusión:
Hay historias que se construyen de una engañosa casualidad. Yo no creo en que como tal, lo accidental sea algo no planeado. Hacía tiempo que empezaba a intuirte. Eran creencias que no tenían nada que ver con Ángeles y demonios. Fue un chispazo, ¿amor a primera vista? Una ansiedad inusual por encontrar pretexto para buscar la mirada, por conocer tu voz y atender al silencio, por apreciar tu carácter pacífico, por confirmar el aura blanca que te envolvía. Aún lo recuerdo, fue instantáneo, como el choque de un desfibrilador.
Bastó verte un instante. Te encontrabas en un perfil que se recrea constantemente en la mente. El sol calaba. La ansiedad se consumía. Tus palabras encontraron mis sentidos. Era un teléfono móvil. No tan móvil como mi voluntad por compartir ese viaje fortuito para mí. No dudé e inmediatamente encontré la manera. Agradecí que me permitieran ocupar un espacio en ese Tsuru que Martín Gracia dirigía a la Costa Esmeralda. El camino, ante mi sorpresiva presencia, inició. Tenía que enfrentar esa sensación que inesperadamente me cubrió en unos minutos. No podía explicarla y menos creerla.
Con la timidez que me caracteriza, esperé que nos presentaran. Mi mano extendida tuvo como contraparte tu palma derecha. Fue fabuloso. Entre los antojos de Lorena Piñón por patitas de cerdo en vinagre, botargas sanrafaelenses, reinas de carnaval, sed recurrente y un cotorreo amable, descansé. Impulsos. Movimientos espontáneos. Tomé el celular. Agradecía la oportunidad que mi amiga me había brindado para acompañarlos, ya que sólo bastó un instante, para irracionalmente determinar por impulso y exhortarme con un “tengo que conocerla”.
No hay mayor señal de necedad, que creer imposible lo que no podemos explicarnos. Mi necesidad de verte, de dirigirme a ti, a quien conocí sin conocerle. Me di cuenta que sabia lo suficiente como para contemplar que eres especial. Generaste mucha simpatía en mí.
Quiero que aceptes mis palabras. Tenme confianza. Me inspiras una seguridad y calidez que perturba mi atención. Has compartido conmigo algunas anécdotas. Sé muy bien que no puedo darte soluciones para todas tus inquietudes, pero debes confiar en que mis opiniones te las ofrezco con cariño y respeto. Las decisiones, siempre serán tuyas.
Me ha tocado verte reír, mostrar tu rechazo a la mentira, esquivar la intriga, propiciar la armonía, cuestionarte tu misma…y es entonces cuando mas admiro tu forma y tenacidad. Te recuerdo y no duermo. Vuelves a mi cuando el amor se convierte en un rock de New Jersey:
“Yo nunca supe que tenía un sueño, hasta que ese sueño fuiste tú”




