
Tres Fragmentos de doce tétricas minificciones
I. Excitación absoluta. Nunca pensó encontrar tal diversión. No podía describir la euforia que le provocaba observar como la hinchazón surgía del contacto aparatoso de los puños. Uno y otro peleaban para su regocijo. No le importaban los estragos que provocaban las patadas sobre la zona hepática del luchador que estaba sobre el lado derecho. Los ojos permanecían suspendidos ante la memorable violencia. Todo era cubierto por lamentos que se ahogaban ante la incapacidad de defenderse. Las risas festejaban los tambaleos de ambos contrincantes. Ya estaba cansado de tanta vibración entre sus manos. Tenía que acabar. El pulgar izquierdo manipuló la rigidez del joystick. Un movimiento hacia la pierna y la daga surgía para tasajear la flacidez del vientre. Cayó herido de muerte. Mientras la placa de plasma era salpicada por un rojo que todo lo cubría, brincaba y gritaba esperando a que Freddy Mercury apareciera del más allá para entonarle a capella una oda a su sanguinaria victoria. Un We are the Champions para un morboso asesinato virtual. El videojuego ha terminado.
II. Filias y fobias trastocan la mente. Los destellos de la pantalla pulverizan de manera paulatina la capacidad visual. La contaminación de unas truculencias adornadas previamente con diagonales y triples dobleú. Ahí esta todo. Mensajes de apoyo a causas justas y de cuestiones que empequeñecen la naturaleza humana. El mundo de rodillas ante un vistazo electrónico. Fin a las tareas encomendadas e inicio del viaje guiado por esa insanidad que somete el juicio y lo postra ante galerías de enfermedades cutáneas graves o de despojos provocados por accidentes o mentes aún más perversas que las de él y que admira como obras de grandes maestros que traspasaron sin empacho la frontera de la vida normal. Devora en sus contemplaciones los saldos que deja el delirio de aquellos que exponen los desequilibrios que lo más oscuro de la civilización ha provocado. Toda perturbación por igual, se comercializa con imágenes que no dejan nada a la imaginación en las notas rojas de pasquines irresponsables y en los necros y zoos que se combinan con las filias en internet.
III. El sonido lo mantiene en trance. Han sido horas enteras en que los audífonos lo separan de la realidad y lo transfieren a una tierra paralela infinita. Es tiempo de las lamentaciones y el escarnio. Las invocaciones a los jinetes del Apocalipsis lo estimulan. No práctica el cristianismo pero busca insistentemente en el Libro de las Revelaciones algún indicio en donde Juan y su imaginación se encuentren ya presentes. Una parte de él, anhela estar en primera fila cuando se escuche el sonido de las cornetas en el firmamento y anuncien las profecías que culminarán en el juicio final. El mundo de nubes negras del metal en sus oídos lo obnubilan. Esto es música, un hedonismo de locura que desea que no se le escape nunca de sus sentidos. Las estrofas de destrucción se entremezclan con la dureza de las guitarras desgarradas y los platillos ensordecedores. Fuera de esa atmósfera, todo lo demás es basura, porque el pasatiempo ñoño es de los estúpidos. A pesar de su salud orgánica, espera resignado el punto final a su existencia. Ozzy Osbourne y Pantera lo han hecho resignarse…pero Marilyn Manson le devuelve esparcimiento a su desesperanza con el sádico himno The Nobodies.
II. Filias y fobias trastocan la mente. Los destellos de la pantalla pulverizan de manera paulatina la capacidad visual. La contaminación de unas truculencias adornadas previamente con diagonales y triples dobleú. Ahí esta todo. Mensajes de apoyo a causas justas y de cuestiones que empequeñecen la naturaleza humana. El mundo de rodillas ante un vistazo electrónico. Fin a las tareas encomendadas e inicio del viaje guiado por esa insanidad que somete el juicio y lo postra ante galerías de enfermedades cutáneas graves o de despojos provocados por accidentes o mentes aún más perversas que las de él y que admira como obras de grandes maestros que traspasaron sin empacho la frontera de la vida normal. Devora en sus contemplaciones los saldos que deja el delirio de aquellos que exponen los desequilibrios que lo más oscuro de la civilización ha provocado. Toda perturbación por igual, se comercializa con imágenes que no dejan nada a la imaginación en las notas rojas de pasquines irresponsables y en los necros y zoos que se combinan con las filias en internet.
III. El sonido lo mantiene en trance. Han sido horas enteras en que los audífonos lo separan de la realidad y lo transfieren a una tierra paralela infinita. Es tiempo de las lamentaciones y el escarnio. Las invocaciones a los jinetes del Apocalipsis lo estimulan. No práctica el cristianismo pero busca insistentemente en el Libro de las Revelaciones algún indicio en donde Juan y su imaginación se encuentren ya presentes. Una parte de él, anhela estar en primera fila cuando se escuche el sonido de las cornetas en el firmamento y anuncien las profecías que culminarán en el juicio final. El mundo de nubes negras del metal en sus oídos lo obnubilan. Esto es música, un hedonismo de locura que desea que no se le escape nunca de sus sentidos. Las estrofas de destrucción se entremezclan con la dureza de las guitarras desgarradas y los platillos ensordecedores. Fuera de esa atmósfera, todo lo demás es basura, porque el pasatiempo ñoño es de los estúpidos. A pesar de su salud orgánica, espera resignado el punto final a su existencia. Ozzy Osbourne y Pantera lo han hecho resignarse…pero Marilyn Manson le devuelve esparcimiento a su desesperanza con el sádico himno The Nobodies.
Hoy estoy sucio
Y quiero ser lindo
Mañana, sé que sólo estoy sucio
Algunos niños murieron el otro día
Alimentamos maquinas y después rezamos,
Vomitados enteros en fe mórbida
Debiste haber visto las noticias ese día
Somos los don nadie
Queremos ser alguien,
Cuando estemos muertos
Sabrán quienes somos...
Sabrán quienes somos...
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